Versos que me definen al máximo

Y yo,
que llego con una sonrisa como capa
sin saber que, al final,
es a mí a quien disparan.
Aún así, tengo coraza
- como todos -.
De pequeña era tímida
- quién lo diría -
pero no preguntaba por el miedo a herirla.


Me sentía diferente por ésta y otras cosas
(perdóname si no lo digo,
tienes razón:
no es un desnudo completo),
pero es que yo,
la ropa interior no me la quito
si no es para hacer el amor,
que eso sí es poesía
(llámame romántica o antigua).


Y eso,
que era introvertida
hasta que encontré en el humor
mi coraza o mi salida.
Un instinto de supervivencia
como la lírica.
Así te quitasa todos los que sin dejar huella,
pasan.

Que a quien quiere conocerte
no le bastan la piel y las risas
y quiere descubrir
qué hay detrás de tu mirada.
Y podría contarte también
por qué hablo sin decir nada de mí,
o hablarte de mi inseguridad
o de algún complejo.


Pero mejor cojo mis miedos
y los tiro al aire.
A ver si llega algún huracán
y se los lleva
y por una vez,
no soy yo
quien salve a nadie.


Palabras de ... Victoria Ash*

 Hoy he vuelto a mi infancia. Cada vez que vuelvo a casa de mis tíos, me revuelvo por dentro. 

Mi portal, la puerta de mi casa, el parque donde aprendí tantas cosas... Lloré mucho al irme de allí a los 15 años.

El barrio ha cambiado mucho. No se parece en nada. Pero mi cabeza lo transforma a aquellos años.

Fuimos muy afortunados. En plenos años 80, donde la heroína empezaba a hacer estragos, los niños teníamos libertad de movimiento. Íbamos solos a hacer la compra con la única preocupación de escondernos los billetes en las mangas de la camisa por si algún toxicómano nos atracaba. Pero no teníamos miedo. De una patada se caían al suelo.

Había muchos niños en el barrio. Teníamos todos la misma edad o la de nuestros hermanos mayores. Nadie se encontraba solo. Nos reuníamos en "el parque de atrás". Sabíamos dónde vivían todos y cada uno de ellos. Sus padres y los nuestros eran amigos del barrio también. 

Se reciclaban los cascos de las botellas y los niños éramos los encargados de ir a la bodega a rellenarlos de sifón o cualquier bebida alcohólica; las tapas de chapa servían para hacer carreras en la tierra; intercambiábamos películas de VHS, a ser posible de artes marciales; calculabas perfectamente las vueltas de la compra porque eran para ti; sabías lo que signficaba un cuarto de jamón york o choped y lo que era una madeja de hilo egipcio; nos dolían los brazos por sujetar la lana mientras tu madre hacía el ovillo; el dinero de la comunidad se metía en una lata de galletas de mantequilla; jugar al escondite una noche de verano con los del barrio era el evento del año para mí. Jugaba y jugaba hasta que mi madre me gritaba por la ventana de la terraza que ya era hora de cenar.

 En fin, era una pasada! Éramos libres!

 El caso es que, desde nuestra marcha, siento como que no tengo un sitio de referencia. Cuando la gente me pregunta si soy de aquí o de allá, no sé muy bien qué contestar. Ya no queda casi nada de ese maravilloso parque pero tampoco me siento parte de donde vivo. 

Estar en casa de mis tíos, de mi familia materna, me hace sentir la persona más afortunada del mundo. Para comer hicieron paella, más torrijas, más tuppers de bacalao y potaje. ¡Cómida de madre! Cuando tu madre se convierte en estrella ya no puede hacer tuppers de comida, así que se valora mucho y gracias. Las charlas, risas, gracietas, albúm de fotos, servirte un café... que te recuerden que ahí tengo mi casa y que a ver si voy más... Sólo el hecho de que te cocinen y te sirvan ya es algo muy muy a agradecer y valorar. 

Entonces... entonces comprendes que el hogar no es un lugar, sino la gente que te quiere de verdad. 

Por muchos años juntos. 

Gracias Leones, de todo corazón.


Palabras de... una princesa* 

 

 

 

Definición de soledad

 

"La ausencia paulatina de tu interés por mí,

                             la falta progresiva de tus "Buenos Días" 

la elección egoísta de tu lejanía,

fueron los que determinaron 
  
que no hiciera falta viajar a Macondo;

         bastaba con besar tus labios para sentir

... cien años de soledad."


Palabras de ... Gabriel García Márquez. 

varios años después

 Dejé de escribir en mi pequeño rincón porque había una persona deambulando por aquí de la cual, no quería que supera nada de mi vida. Cualquier excusa era buena para ponerse en contacto conmigo y llegué a sentirme vigilada, agobiada ... hasta el punto de avisarle de que le denunciaría si me lo encontraba o volvía a ponerse en contacto conmigo, incluso habiéndole bloqueado por RRSS. Una pena.

Así que, después de varios años, tuve que recurrir al papel en su lugar. Recomiendo enormemente esta práctica. Conectas mente y corazón, permitiendo fluir emocionalmente con libertad.

Cinco años de metamorfosis pura. 

Miro atrás y me doy cuenta de lo increiblemente fuerte que soy. Sigo llorando, pensando y hablando con mi madre cien mil veces al día. Ella es mi fé y mi religión. Rezo para que nos proteja y nos guíe.

A pesar de enfrentrarme a un duelo en soledad y privada de libertad, una lesión con dolor constante durante más de un año... empecé a entrenar para salir adelante. A los ocho meses conocí a M. Un chico guapo, majete, buen puesto de trabajo, familia pudiente, risueño... del que me enamoré profundamente. Para todos era mi salvación sin pensar que la salvación era yo misma y que no necesitaba que nadie me salvara. Pero desde luego, era un alivio para todos.

Seis meses y medio después de haberle dejado, creo que puedo hablar sobre esto con mayor objetividad y no tanto desde el enfado aunque aún lo estoy pero más conmigo misma por haber soportado tantísima carga.  Le conocí en el peor momento de toda mi vida. Y desde luego que él era lo que menos necesitaba en ese momento. Ignoré todas las líneas rojas, todas. Que además demostró desde la primera cita. Pero no quise verlo. Necesitaba ese analgésico. Es tan majo! Tan simpático; se relacionaba tan bien con todo mi mundo sin conocerles de nada! Todo el mundo le adora. 

Pero yo empecé a sentir una carga inmesa sobre mis hombros. Llevaba ocho meses de duelo y tenía que hacer un esfuerzo sobre humano por estar bien; ir todos los fines de semana a Madrid; salir, conocer, ir a cenar, a ésto a lo otro; mostrar una cara amable a todo su entorno cuando yo solo quería llorar. Me dejó claro que él quería un 50 %. Más tarde entendí que se refería solo a lo económico. El tiempo, la dedicación, el esfuerzo... todo eso no contaba. Y ese egoísmo se plasmó en todos los ámbitos de la pareja. Empecé a tener mucha ansiedad. Y con ella las prisas de los demás a que dejara atrás el pasado, a que superara la pérdida de mi madre. ¡Tienes que estar bien! Tienes que avanzar. La relación no va bien porque tú estás estancada en el dolor. Todo reacaía sobre mí. Fundamentalmente eran comentarios de personas que además, no habían sufrido una pérdida.

Intenté dejarlo varias veces pero me convencía. Cada vez su egoísmo era más patente. Yo intentaba comunicarme con él. Sin embargo, eso le agotaba. En fin, lo intenté todo y eso me desgastó demasiado. Pero saqué fuerzas para salir de ahí. Porque él no iba a tomar la decisión. Nunca asumió su parte de responsabilidad afectiva. Le di todo aún estando herida y me quedé vacía.

Metamorfosis. Todos los derechos reservados
Y ahora.... sigo encontrándome conmigo misma. Evolucionando en mi sentir, queríendome, tratando de no sentirme culpable primero porque él me hizo sentir así y después, por haber aguantado tanto que no me merecía. Buscando conciertos, escribiendo, haciendo todo el deporte que puedo, agradeciendo la salud que me permite seguir adelante. He dejado de sentirme culpable por ser sensible.

Nunca quise tirar la toalla. Soy como el ave Fénix. Siempre me levanto más fuerte de cada golpe.

Me encanta aportar. Dejar una bonita huella en las personas. Eso sí, he de poner límites y ser más selectiva porque existen vampiros por ahí que chupan todo lo que pueden y más :D 

Permanced atentos a las señales.

Palabras de ... una princesa* (en metamofosis)